La Merindad de Trasmiera abarca el territorio comprendido desde la cuenca del río Miera hasta la del Asón, extendiéndose por el sur hasta Miera y el valle de Aras. Esta comarca es una de las áreas de Cantabria con menor densidad de hallazgos del Paleolítico Inferior, tampoco se conoce mucho mejor el Paleolítico Medio y como sucede en la mayor parte de Cantabria, la parte más relevante del Patrimonio Arqueológico de Trasmiera corresponde al Paleolítico Superior (40.000-11.500 a.C.), siendo sin duda, el Magdaleniense el período más importante de la prehistoria en Trasmiera en el que destaca la cueva de La Garma en Omoño. asimismo se han hallado testimonios del Neolítico y de la Edad de los metales. Existen tres excelentes ejemplos de los primeros habitats permanentes (I milenio a.C.), poblados fortificados o castros en el Alto de la Garma (Ribamontán al Monte) en Castilnegro (Liérganes-Medio Cudeyo) y Pico Vizmaya (Entrambasaguas). También Trasmiera cayó bajo el poder romano tras la derrota en las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) aunque los testimonios arqueológicos son muy escasos.

La capital de Trasmiera reside en Hoz de Anero, lugar donde se reunieron las Juntas desde tiempo inmemorial en el sitio de Toraya, junto a la iglesia de Santa María. En la crónica de Alfonso III, en el año 800, al tratar de la repoblación del norte peninsular se cita a Trasmiera entre otras zonas pobladas en esos años como Asturias y Primorias. También en otro pasaje de la crónica aparece Trasmiera como una demarcación más de las que forman Cantabria.

Conocemos Trasmiera fundamentalmente a través de las escrituras del monasterio de Santa María del Puerto, cuyo documento más antiguo se remonta al año 836. Este monasterio, el más importante de los de Trasmiera, ejerció la soberanía social y cultural de toda la comarca hasta su decadencia en el siglo XII en beneficio de los poderes laicos.

En la primera mitad del siglo XI, en tiempos de Sancho III el Mayor, toda la comarca pasó a depender del reino de Navarra, y con Sancho II de Castilla, Trasmiera volvió a este reino, aunque el monasterio de Santa María del puerto siguió dependiendo de Nájera. Durante la Baja Edad Media siguiendo la tónica general en Cantabria, tuvo lugar en Trasmiera la implantación de los poderes laicos, donde sobresalió el linaje de Agüero enfrentado al de Solórzano.

A finales del siglo XIV Trasmiera aparece compuesta por cinco Juntas: Ribamontán, Cesto, Cudeyo, Voto y Siete Villas, a las que algo más tarde se añadieron Argoños, Escalante y Santoña. Las Juntas se reunían en la capital de la Merindad, hoz de Anero, bajo la sombra de una centenaria encina. conocemos la organización del Valle de Hoz a lo largo de la Edad Moderna a través de las Ordenanzas del Concejo, redactadas en 1655 y ratificadas sucesivamente hasta 1806.

Con la llegada de la Edad Moderna, asistimos en Castilla al triunfo de la Corona sobre las casas nobiliarias que habían ejercido su poder en grandes territorios de reino. Trasmiera en este momento dependía directamente de la Coronoa, era tierra realenga integrada en el Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa. Desde el punto de vista de la administración eclesiástica depndía de la diócesis burgalesa. un acontecimiento importante para Trasmiera fue la instalación a comienzos del siglo XVII en Liérganes y La Cavada de las fábricas de artillería que permitieron el mantenimiento del imperio español hasta fines del XVIII. La actividad de las fábricas provocó un cambio del paisaje en beneficio de las praderías a causa de la deforestación provocada por la necesidad de madera para su funcionamiento.

Las altas densidades de población en estos siglos XVI y XVII, junto a la reconocida escasez de recursos alimenticios, entre otros factores, fueron la causa de los movimientos migratorios en estas centurias. Emigración que fue temporal e interna (pues hubo gente que se desplazaba para realizar trabajos de carboneo en las ferrerías u otros tipos de trabajos) o emigración definitiva, bien sea ésta interna (con dirección preferente hacia las villas costeras) o externa (especialmente a Andalucía, los jándalos o para cubrir puestos en la administración de los Austrias). Por último, la más definitiva de las migraciones fue la dirigida hacia América. Trasmiera y las Asturias de Santillana son las comarcas de Cantabria que más emigrantes han aportado a las Indias.

En el siglo XVIIII se consolidó definitivamente la revolución del maíz, que aunque se extendió a lo largo del siglo XVII, su cultivo no se hizo intensivo hasta el 70, sustituyendo rápidamente a los cereales de verano. Supuso un aumento de la riqueza agraria y se pasó de ser una tierra deficitaria en grano a poder exportar los excedentes. La extensión del nuevo cultivo debió ser uno de los factores para explicar el aumento de población en el siglo XVIII. El aumento demográfico, la leve mejora de la agricultura (ampliación del terrazgo, introducción de nuevas plantas), el mejor aprovechamiento de los recursos naturales y la crianza de animales, no lograron acabar con los males endémicos del campo montañés. En definitiva, continuaba la vieja estructura socioeconómica. Así pues, al no ser suficiente la ocupación agrícola y ganadera para mantener el precario equilibrio de la economía familiar tuvo que compensarse con otro tipo de actividades como las de transformación (elaboración de objetos de madera, molinos, curtidos de piel…) y acarreo. Muchos labradores, terminadas sus faenas agrícolas, se dirigían a Castilla, son los trajineros y arrieros, exportando trillos y aperos elaborados por ellos. Cuando la arriería necesitó de dedicación exclusiva los traslados a Castilla fueron más asiduos llevando granos, vino o pescado.

 

En el siglo XIX el campo siguió sufriendo las mismas carencias estructurales que había venido padeciendo desde siglos antes. La emigración continuó y se acrecentó. el fenómeno jándalo e indiano fue una constante en el primer tercio del siglo XIX. Los indianos se dirigieron principalmente a Cuba, y en segundo lugar a Méjico. La causa de las migraciones seguía siendo la propia naturaleza de una sociedad rural escasamente integrada en la prosperidad mercantil. A partir de los años treinta se redujeron las migraciones y comenzó el retorno de los indianos, lo que provocó el nacimiento de una burguesía nueva compuesta por hombres de procedencia humilde (jándalos, indianos) que jugaron un papel decisivo en la transformación hacia las nuevas formas agrícolas y ganaderas. Su vuelta se dejó sentir en el paisaje construido de sus lugares de origen, donde aparecieron sus características viviendas: casas, quintas y villas sobre fincas ajardinadas en las que soñorean las típicas palmeras. También se apreció en las mejoras de iglesias, ermitas, caminos y escuelas que sufragaron tras la larga ausencia de su tierra.

Esta merindad está compuesta por cinco Juntas: Ribamontán, Cudeyo, Cesto, Siete Villas (Argoños, Arnuero, Bareyo, Castillo, Isla, Meruelo, Noja), Voto y dos villas: Escalante y Santoña. Todo este territorio está formado por 19 ayuntamientos con sus respectivas localidades y en todas hay importantes muestras de arquitectura religiosa, arquitectura civil, culta y popular y obra mueble, sin olvidarnos del importante patrimonio etnográfico, industrial y escolar (humilladeros, ferrerías, molinos de marea, edificios escolares…).

 

Ribamontán al Monte: Una Junta Trasmerana en la Historia de Cantabria
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